«Las prostitutas y los publicanos llegan al Reino de Dios antes que ustedes»

(Mt 21, 31)

Nos resulta difícil imaginar a Jesús enojado, llorando, sonriendo, expresando sorpresa o admiración. Me atrevo a decir que nos da miedo que sea “tan humano” y tan “carnal” en sus manifestaciones de afecto o de actitudes. Tengo la impresión de que nos gusta rezar más a un Jesús “etéreo”, descarnado, sin sentimientos ni emociones, como un ente o fenómeno imperturbable al que nada le inquieta. Nada más lejano, e incluso peligroso, para nuestra fe.

Tómate un tiempo para contemplar esta escena. Mira los rostros de las personas, ¿qué observas? Mira sus expresiones, ¿qué encuentras? Presta atención a los gestos, ¿qué descubres?

Son cuatro escenas, en un solo cuadro, en los que se expresan maravillosamente lo controvertido que puede ser el Evangelio si tenemos el coraje de dejar que nos revele «¿Quién es Dios?» sin que proyectemos sobre él nuestra propia imagen de “dios”.

Hay muchos “cristianos” que hace tiempo han dejado de seguir al Jesús que revelan los evangelios. Han construido uno de “bolsillo” al que pueden manipular a su antojo y justificar así su hipocresía religiosa. Un Jesús «a la carta» que alaba nuestras prácticas religiosas y condena a los pecadores al igual que nosotros. Podemos admitir, e incluso nos gusta, que Jesús confronte con los fariseos y los llame hipócritas, pero no queremos que cuestione nuestras actitudes igualmente legalistas.

Mira ahora a la mujer que lleva una cruz enorme sobre el pecho, que casi le llega a la rodilla, anunciando que «Dios es amor», mientras sostiene al Espíritu Santo enjaulado y con un pensamiento y gesto hostil. Para ella el Espíritu Santo ya no tiene nada que decirnos, ya lo dijo todo, no hay novedad, solo nos queda cumplir con las tradiciones y costumbres religiosas.

Mira ahora al hombre detrás de ella; solo mira hacia arriba, hacia el cielo donde para él vive Dios, y no se da cuenta que lo tiene frente a él. No juzgues a nadie ni busques identificar a otras personas, sino más bien deja que esta primera escena te cuestione sanamente. ¿Percibes esta incoherencia en ti? ¿Lo que profesas con fe es lo mismo que vives? La mujer anuncia un amor “platónico”, una idea o un concepto piadoso, que no tiene arraigo en la realidad. El hombre reza a un Dios que no se ha encarnado. Para él Dios vive allí arriba, lejos, y para rezar tenemos que levantar la cabeza porque solo allí lo encontraremos. ¿Qué religión es la que practicas?

En el fondo otra escena maravillosa. Un hombre dispuesto a dejar al descubierto la hipocresía de los demás y de la Iglesia, lo publica en las redes, critica y se burla de los demás, pero no tiene compasión con quienes necesitan de su ayuda. En la Iglesia podemos encontrarnos con los “paladines de la fe ortodoxa, pura y santa” dispuestos a defender a “capa y espada” la fuerza de la revelación, pero son incapaces de mirar al que necesitan. Defienden las “ideas sublimes de la fe” pero no practican el amor.

Y también están los católicos del montón que critican el “oro del Vaticano”, creen que con vender todo se acabará la pobreza, y no se dan cuenta que la causa es la corrupción de los gobiernos y de la avaricia de unos pocos que no están contentos con todo lo que tienen.  Critican mucho, pero no hacen nada, no son capaces de ayudar a los que tienen cerca. Nuestros conocimientos sobre la religión deben notarse en nuestro obrar diario. La repetición constante de los mandamientos no es suficiente, sino que debe complementarse con la ayuda al prójimo.

Por último, otra escena formidable. A muchos no les gustará ver la cara de enojado de Jesús, porque como dije anteriormente no les simpatiza que sea tan humano. La verdad que no imagino a Jesús llamando hipócritas a los fariseos con «cara de Póker» ni expulsando a los mercaderes del templo con un látigo en la mano y una sonrisa en el rostro. La humanidad de Jesús no se contrapone a su divinidad, ni su naturaleza divina entra en conflicto con su ser hombre. Pero tal vez lo que más nos desagrada es verlo de lado de los pobres, de las prostitutas, de los que nosotros consideramos inmorales o “pervertidos” anunciando el mismo mensaje de amor que a todos. La mujer que vende su cuerpo tiene igualmente un amor autentico y puro por su hija como cualquiera de nosotros. ¿Cuándo fue que en la Iglesia algunos dejaron de creer que el mensaje de misericordia y amor es para todos? ¿Acaso se creen justos los que critican a los demás?

El travesti sosteniendo la bolsita de ofrendas, la prostituta abrazando a su hija y el mendigo y borracho reposando su cabeza en las piernas de Jesús, ¿te escandaliza? ¿Te resulta fuerte el gesto adusto de Jesús sosteniendo al alcohólico mientras con la otra mano parece poner límite a quien se cree con el derecho, por la fe que dice tener, a ofender a los demás? Entonces no has comprendido el Evangelio ni el mensaje de Jesús. Jesús es amor, ¿qué parte no entendiste?