Desplegar nuestra vida

Ahondar

Todo tiempo contribuye a nuestro crecimiento y madurez si creemos que la vida es un don precioso que debemos descubrir y desplegar para dar frutos.

Cada vez estoy más convencido de que nuestra manera de vivir depende de la concepción que tenemos de la vida. Para algunas personas es un «accidente», un «descuido» o un «tropiezo» que cometieron otros. Pero para muchas otras personas la vida es un regalo que debemos descubrir y desplegar para que sea fecunda. Es un don de Dios. Para crecer y dar frutos necesitamos atravesar por «distintos tiempos».

Hay momentos en nuestra vida en los que sentimos que «todo nos sonríe» pero también hay situaciones en las que el dolor nos visita. Todo tiempo contribuye a nuestro crecimiento y madurez si creemos que la vida es un don precioso que debemos descubrir y desplegar para dar frutos. Así como la meteorología de cada año determina el grado de madurez de las uvas, su concentración de aromas y su color, de la misma manera los tiempos por los que atravesamos contribuyen a nuestro crecimiento y madurez.

Si pudiéramos aceptar el tiempo por el que estamos atravesando “tal y como está aconteciendo”, dejando de lado el lamento o el reclamo, tendríamos la oportunidad de descubrir lo que este tiempo en particular está haciendo en nosotros. ¿Qué pasaría si el árbol se rehusara a perder sus hojas? ¿Qué pasaría con las uvas si se negaran a la poda? ¿Qué ocurriría si el trigo se resistiera a entregar su espiga? No tendríamos frutos en primavera, no podríamos saborear del buen vino con amigos, ni disfrutar el pan cada mañana en familia. Aprendemos a vivir… viviendo.

Todo lo que vivimos puede ser ocasión para crecer, madurar y ser fecundos. Es verdad que muchas personas atraviesan por tiempos muy duros, pero no es menos verdad que de esas situaciones han surgido seres humanos maravillosos. Los tiempos duros saben forjar personas fuertes. Cuando vivimos desde la perspectiva de que la vida es un regalo, un don, destinada a dar frutos comenzamos a entender que las “pérdidas”, las “podas”, y las “entregas” son parte de un proceso que nos enriquece como personas y que contribuye a la felicidad de los demás.

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