El camino que emprendemos

Ahondar

No sabemos cuándo ni en qué momento, pero de repente surge de lo más profundo un cuestionamiento interior, un anhelo, casi irrefrenable, por saber ¿a qué vine a este mundo? ¿para qué estoy aquí? ¿tengo una misión o un propósito en la vida? ¿a qué estoy llamado? ¿tiene sentido mi vida? ¿Estoy destinado a algo? ¿Soy fiel a mí mismo en lo que hago?

Esta es la ocasión en la que necesitamos adentrarnos en nosotros mismos para descubrir esa Voz interior que llama, guía y acompaña nuestra vida hacia su plena realización.

La plenitud de vida que buscamos la encontramos al recuperar la armonía y conexión interior con la Sabiduría que anida en cada uno de nosotros. Al escuchar y seguir su Voz que nos habla de libertad, de perdón, de amor, de compasión y compromiso, vamos encontrando las respuestas a las preguntas profundas que nos hacemos los seres humanos.

Solo es posible vivir felices cuando lo hacemos desde lo más verdadero y auténtico que hay en nosotros.

Cuando nos disponemos a salir de nuestros encierros y nos liberamos de los complejos, miedos y limitaciones, entonces iniciamos el camino hacia nuestra realización personal. ¿En qué consiste esta «realización personal»? ¿Cómo hallarla? ¿De qué se trata?

Todos tenemos una estrella que seguir. Es la que marca nuestro rumbo y destino para vivir conforme al llamado que cada uno ha recibido. Aquello que nos ilumina por dentro y alumbra a los demás es lo que llamamos vocación. Es lo que nos hace sentir plenos, felices, creativos, disponibles y hasta, en cierto punto, «incansables». Lo que nos apasiona no nos cansa, sino que nos plenifica y nos hace verdaderamente personas.

Tal vez no nos hemos dado cuenta de que podríamos llamar «vocación» a lo que nos hace dichosos, a lo que nos hace trascender y comunicarnos con los demás desde lo más hondo que hay en nosotros. Cuando lo que hacemos, la manera que tenemos de comunicarnos con las personas y el modo en que vivimos nos ensancha el alma, es señal de que hemos encontrado el fin para el que fuimos creados.

Aquellos hombres sabios se pusieron en camino con el fin de encontrarse con un rey y sin embargo hallaron a un niño envuelto y recostado en pañales. Los imaginamos ricos y sabios, pero no se pusieron en camino porque necesitaban aumentar sus riquezas o poder, sino porque necesitaban encontrar el sentido de sus vidas; sentido que hallaron en el rostro sereno y tierno de un recién nacido.

Nosotros, en ocasiones, imaginamos que tal vez no hemos encontrado en la vida lo que nos hace plenos y felices, y es posible que así sea, pero también es probable que no nos hayamos dado cuenta que donde sentimos que nuestra vida fluye libremente, es donde se manifiesta aquello a lo que fuimos llamados.

No tenemos que confundir vocación con profesión porque, si bien pueden coincidir, lo primero es lo que da sentido a nuestra vida, mientras que lo segundo, es la manera particular como damos cabida y orientación a nuestro llamado personal. Lo que elijamos «hacer» debe garantizar que se exprese nuestro «ser» más íntimo. No deberíamos elegir nunca qué camino seguir por las ventajas económicas que nos puedan acarrear, sino aquello en lo que nuestra vida encuentra realización plena.

La vocación es la manera como manifestamos al mundo lo que de Dios hay en nosotros. Es el modo como transparentamos lo más auténtico, verdadero y bello que hay en cada persona. Dios pone en cada corazón una estrella, una brújula, que debemos descubrir y seguir.

Cuando san Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales, invita al ejercitante a meditar sobre el «Principio y el Fundamento», le propone reflexionar sobre lo principal, lo esencial, sobre aquello que da a su vida consistencia, sentido y realización: el amor de Dios.

Ese amor, que tiene una triple dinámica y que consiste en amar a Dios, a uno mismo y a los demás, es donde se expresa nuestra vocación.

Porque la verdadera vocación no es la búsqueda egoísta o egocéntrica de la propia fama sino la manera cómo llegamos a ser plenamente humanos como nos enseñó Jesús.

Jesús es la estrella que tenemos que seguir. Al encontrarlo a él, nos hallamos a nosotros mismos, descubrimos nuestro sentido y vocación, y vivimos plenamente. La vida es un don, pero vivir es una decisión.

@jrojassj

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