Reconciliarnos con lo que somos

Ahondar

«Somos ese amor que buscamos, somos la aceptación que anhelamos, somos la compresión que mendigamos.»

Reconciliarnos con lo que verdaderamente somos no es una tarea sencilla, tal vez nos lleve toda la vida, pero es esencial transitar por ese camino. ¿En qué consiste esta reconciliación? Todos imaginamos que somos un poco «más» o un poco «menos» de lo que somos. Para decirlo de una manera más sencilla, pensamos que somos o genios o inútiles, y estamos convencidos que esto que pensamos de nosotros mismos es real; en consecuencia, terminamos «siendo lo que pensamos». La verdad es que podemos pensar muchas cosas de nosotros mismos, pero eso no quiere decir que sea nuestra verdad. Imaginamos que somos buenos, personas abiertas al diálogo, que somos el hombre araña, la mujer maravilla, o algunos de los héroes de las historietas infantiles. O, por el contrario, que somos malas personas y en todo ello, nos equivocamos. En realidad, somos mucho más que eso, simplemente «somos».

El primer paso para iniciar este camino de reconciliación es desmontar las «pretensiones» de parecernos a lo que imaginamos en nuestra fantasía. Debemos vaciarnos interiormente del «todo poderoso» que jamás comete errores y que siempre tiene la razón, o del «inútil» que no puede nada, para descubrir que somos mucho más que esa caricatura de nosotros mismos. Con el tiempo me fui dando cuenta de que los seres humanos jugamos a «ser alguien», disfrazamos nuestro verdadero ser de muchas maneras, con roles, tareas, trabajos, o profesiones, en lugar de reconciliarnos con nosotros mismos y amarnos de verdad. Nuestras mentiras nos hacen más daño a nosotros mismos que a los que pretendemos engañar. Nos alejan de nuestro ser más profundo y nos mantienen a merced del agrado y aprobación de los demás.

El segundo paso es abandonar la ignorancia e iniciar un camino de conocimiento interior. Ir a lo profundo de nuestro ser y descubrir quiénes somos en realidad. Como ignoramos nuestra verdadera identidad, buscamos ser alguien a los ojos de los demás, queremos presentar una imagen para ser aprobados por ellos. Imaginamos que seríamos mucho mejores personas si lográramos satisfacer las pretensiones que los demás tienen sobre nosotros. Ser lo que no somos, desconociéndonos, es una de las mayores pobrezas del ser humano, ya que significa vivir sin apreciar el tesoro escondido en nuestro propio campo.

El tercer paso de esta reconciliación y valoración de nosotros mismos es tomar en serio la pregunta «¿Quién soy?». Hemos sobrevalorado la opinión de los demás sobre nosotros. Puede que no lleguemos a tener otra referencia, pero el problema es que para los demás podemos llegar a ser muchas cosas, y ninguna de ellas se acerca a la verdad. Depositar la propia identidad en el parecer de los otros es errado, es vender la propia identidad al mejor postor. Para responder a la pregunta «¿Quién soy?» hemos de alejarnos de las opiniones ajenas, vaciarnos de las etiquetas con las que nos identificaron, y realizar el gran salto que significa ponerse ante uno mismo en una total desnudez espiritual. Debemos quitarnos los harapos detrás de los que hemos ocultado nuestra belleza interior. La falta de confianza en nuestra propia riqueza impide desarrollar lo más genuino de nosotros mismos y desplegar la dinámica expansiva y plena de nuestro ser. Somos algo maravilloso que aún no terminamos de apreciar los suficiente. La reconciliación con nosotros mismos pasa por dejar de identificarnos con los mandatos que vienen de afuera y comenzar a vivir desde la fuente de Sabiduría que existe en nuestro interior.

Somos ese pedacito de eternidad en el tiempo destinado a crecer y desplegar toda la maravilla que llevamos dentro nuestro. Somos ese amor que buscamos, somos la aceptación que anhelamos, somos la compresión que mendigamos. Cree en esa Voz que viene de lo alto y que anida en tu interior. Somos más, somos de lo alto.

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