Miedos, apegos, control

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  1. Pauta de un ritual de comienzo

 Hago la señal de la cruz y realizo la oración de ofrecimiento al Sagrado Corazón de Jesús.

  • Pongo mis manos, con las palmas hacia arriba, en actitud de receptividad. Me tranquilizo. Respiro más despacio. Permanezco sentado en silencio un momento y procuro bajar el volumen de mis pensamientos y preocupaciones.
  • Pido a Dios que me dé a conocer su presencia en este momento. Siento la presencia de Dios a mi alrededor e incluso dentro de mí. Si no siento la presencia de Dios, espero callada y pacientemente durante otro momento. Si aun así no siento su presencia, no dejo que ello me moleste. Me apoyo, sin más, en la fe de que él está aquí, aun cuando yo no perciba su presencia. Dejo que mi corazón, mi mente y mi alma recuerden la sensación que tengo cuando sí percibo su presencia, y dejo que por ahora me baste con eso.
  1. Actitud de agradecimiento.

Paso unos momentos en gratitud, dando gracias a Dios por una o dos de las bendiciones, grandes o pequeñas, que haya recibido hoy.

  1. Repasar el día.

Paso un poco más de tiempo pidiendo a Dios que me dé una ración doble de gracia para rezar este Examen especialmente difícil. Es difícil porque exige revisar algunas facetas más oscuras de mi personalidad. Pediré a Dios que me muestre cómo me han influido últimamente mis miedos, mis apegos, mi necesidad de control y mis derechos imaginarios. Puedo caer fácilmente en una de estas dos trampas: o negar que tengo un

problema o reprobarme a mí mismo sin misericordia. Necesito el plus de gracia para dejar que Dios tome la iniciativa de manera firme pero con amor incondicional.

  1. Las emociones intensas.

Repasando el día, pido a Dios que me muestre qué miedos predominaban en mi corazón. Intento ahondar y ver lo que realmente me da miedo (puede que no sea lo que esperaba, porque con frecuencia nuestros verdaderos miedos se ocultan por debajo del nivel consciente). Tan pronto como ponga nombre a ese miedo, tomo nota y avanzo al

siguiente paso.

  1. Repasando el día, pido a Dios que me muestre los apegos a los que me he aferrado últimamente. Puede que esté demasiado apegado a una persona (colado), a una idea (obstinado) o a una conducta (mal hábito). Presto especial atención a mi apego emocional a personas, ideas o conductas. Una vez identificado un apego en particular, tomo nota y avanzo al siguiente paso.
  2. Repasando el día, pido a Dios que me muestre cualquier situación en la que esté intentando en exceso ejercer el control. Quizá intento controlar personas, organizaciones o resultados. Es difícil admitir que soy controlador, por lo que pido a Dios el coraje para hacerlo. Cuando encuentro mi obsesión particular por el control, la reconozco y avanzo al siguiente paso
  3. Repasando el día, pido a Dios que me muestre si creo tontamente tener algún derecho que no tengo. Por ejemplo: «Hoy he trabajado duro; me merezco este dónut/esta copa/este cigarro». O «Soy importante; tengo derecho a escaquearme de los quehaceres, las tareas aburridas, el trabajo físico». O «Aquí soy la víctima. Tengo derecho a perder los papeles, estar mohíno, mostrarme pasivo, compadecerme a mí mismo». Si
  4. Ahora, pongo ante Dios los cuatro descubrimientos que he hecho: un miedo, un apego, una necesidad de controlar y un derecho imaginario. Pido a Dios que me muestre cuál de los cuatro afecta con más intensidad a mi vida ahora mismo. Me centro en él y dejo a un lado los otros tres. Pido a Dios perspicacia. Pido perdón por las veces que he dejado que ese problema me dominara.
  5. Pido a Dios que me muestre cuál de los cuatro afecta con más intensidad a mi vida ahora mismo. Me centro en él y dejo a un lado los otros tres.
  6. Pido a Dios perspicacia. Pido perdón por las veces que he dejado que ese problema me dominara.
  7. Termino el examen.

Al concluir el Examen (no más de quince minutos), me pregunto si hay alguna última palabra que desee decir al Señor. Si todavía no he dicho, pedido o prometido nada respecto al futuro (el día siguiente, la semana que viene, etc.), lo hago ahora. A continuación, concluyo con uno o dos gestos físicos.

  • Junto las manos y me inclino un poco para pedir su bendición.
  • Concluyo con el padrenuestro o el ofrecimiento al Sagrado Corazón de Jesús.
  • Hago la señal de la cruz.

MARK E. THIBODEAUX, SJ

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