Mis emociones

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Conocer mis emociones

  1. Pauta de un ritual de comienzo 
  • Hago la señal de la cruz y realizo la oración de ofrecimiento al Sagrado Corazón de Jesús.
  • Pongo mis manos, con las palmas hacia arriba, en actitud de receptividad. Me tranquilizo. Respiro más despacio. Permanezco sentado en silencio un momento y procuro bajar el volumen de mis pensamientos y preocupaciones.
  • Pido a Dios que me dé a conocer su presencia en este momento. Siento la presencia de Dios a mi alrededor e incluso dentro de mí. Si no siento la presencia de Dios, espero callada y pacientemente durante otro momento. Si aun así no siento su presencia, no dejo que ello me moleste. Me apoyo, sin más, en la fe de que él está aquí, aun cuando yo no perciba su presencia. Dejo que mi corazón, mi mente y mi alma recuerden la sensación que tengo cuando sí percibo su presencia, y dejo que por ahora me baste con eso.
  1. Actitud de agradecimiento.

Paso unos momentos en gratitud, dando gracias a Dios por una o dos de las bendiciones, grandes o pequeñas, que haya recibido hoy.

  1. Repasar el día.

Le pido a Dios que repasemos mi jornada emoción a emoción. Dios y yo miramos y observamos cómo progresa mi estado emocional a lo largo del día. ¿Cómo me encontraba esta mañana al despertar? ¿Y mientras me duchaba/desayunaba/me vestía? ¿Cómo me encontraba al empezar las tareas del día? ¿Y según avanzaba la mañana? Etcétera. Paso deprisa por las emociones pasajeras, pero me demoro en las de más peso o las que no he notado antes. También hablo con Dios según note cambios en mis emociones a lo largo del día.

  1. Las emociones intensas.

Hablo con Dios de las emociones más intensas del día. ¿Procedían del espíritu bueno, es decir, la parte de mí que se está acercando a Dios y profundizando en la fe, la esperanza y el amor? ¿Eran del espíritu falso, el espíritu de mi interior que está atascado en pensamientos, deseos, antojos u obsesiones mundanos?

  1. Elijo la emoción más intensa del día y hablo con Dios del modo en que he respondido a esa emoción según avanzaba el día. Reviso la influencia que esa emoción ha tenido en mí. ¿Reconocía siquiera la emoción mientras la experimentaba, o no era consciente de ella? ¿He elegido conscientemente cómo responder a esta emoción o he permitido que la emoción determinara mi pensamiento, mis palabras y mis actos a lo largo del día? Hablo de ello con Dios, dándole gracias por los momentos en que mi respuesta ha estado en sintonía con mi vocación como cristiano y pidiéndole perdón y sanación por los momentos en que no ha sido así.
  1. Sabiendo que solo tengo un control parcial de mis emociones, reflexiono sobre las emociones que quiero tener mañana. Si solo pudiera elegir una, ¿cuál sería: alegría, paz, bondad, coraje, gratitud? Elijo una de ellas y me imagino viviendo mañana con esa emoción como compañera. Pido a Dios que me otorgue la gracia de estar abierto a esa emoción mañana y de emplearla bien si aparece.
  1. Termino el examen.

Al concluir el Examen (no más de quince minutos), me pregunto si hay alguna última palabra que desee decir al Señor. Si todavía no he dicho, pedido o prometido nada respecto al futuro (el día siguiente, la semana que viene, etc.), lo hago ahora. A continuación, concluyo con uno o dos gestos físicos.

  • Junto las manos y me inclino un poco para pedir su bendición.
  • Concluyo con el padrenuestro o el ofrecimiento al Sagrado Corazón de Jesús.
  • Hago la señal de la cruz.

MARK E. THIBODEAUX, SJ

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